“Los grandes líderes comprenden que el liderazgo es servicio y estar a disposición de aquellos a quienes lideran”
En las cocinas se instaló…
Y se hizo mandamiento que quien esta al frente, el líder -chef manager-, tiene capacidades extraordinarias, cosa que no debe ser verdad. A veces carece de mucho más conocimiento que cualquier miembro de su equipo puedo tener.
Esta falta de saberes lo hace peligroso, lo hace ignorante y lo hace vivir con miedo al señalamiento, muchas veces siendo esta la razón por la cual el trato impositivo es su única herramienta para sustentar su posición. El conocimiento que tiene de la organización puede ser bastante basto, más aún necesita conocer a los empleados, a quienes de verdad sostienen su cargo.
Aquí comienza el performance de dar el tiro al aire para generar presión con el argumento de que esta crea disciplina y entrega; tal vez haya algo de cierto en ello. Lo que puedo decir desde mi experiencia es que la disciplina se apoya en la tolerancia, el conocimiento y el sentido de generar valor para el equipo y para el cliente comensal.
Lo que he visto que ocurre…
Con ese tiro al aire, es que cae en el pie del Chef, y cualquier discurso sostenido en estos resultados pierde todo el valor, porque lo que ya ha creado es un equipo que quiere salir corriendo a otro lugar buscando seguridad, respeto y escucha. Hurgando en capas más profundas el equipo quiere buscar paz mental, esa que el líder no es capaz de crear en las muchas horas que se pasan en el puesto de trabajo, el equipo la buscan porque toda la pólvora que deja el tiro al aire los persigue en otras dimensiones de la vida: en sus familias, con los amigos, en sus estudios (caso común de muchos en cocinas y servicio, estudiando y trabajando), y el circulo vicioso se repite en cada turno y por lo mismo el rendimiento y los resultados son cada vez un poco más pobres.
Un chef que comprende esto no fracasará en la gestión de la operación porque aprovecha de buena manera el conocimiento de quienes están a su alrededor, lo promueve y lo sostiene. En este acto de valor por el otro, está legitimando su poder y su autoridad porque, cuando el equipo se percibe reconocido, no deja cosas al azar, se comunica eficientemente y mueve la operación mas aún en ausencia del líder.
El equipo, al sentirse seguro y sobretodo entendido, pueden cooperar para alcanzar las cosas que el Chef y la compañía por si solos no pueden, la operación es siempre una danza, y los nuevos negocios que aun no han comprendido esta sencilla dinámica, crecen y fracasan pronto porque no entendieron el valor que las personas aportan.
Ahora bien, si se entendió lo esencial…
Que es conocer, reconocer y cuidar a quienes se tiene a cargo, o sea el equipo, se ha dado el primer paso. En este sentido el chef que entiende, puede percibir las emociones de su equipo. Puede fomentar empatía entre las partes y mucho mas bello aún, puede hacer que su equipo disfrute de lo que hace aun siendo retador, aunque tengan que esforzarse y moverse más rápido de lo que sus cuerpos les permiten hacerlo, aunque a veces solo quieran salir de su papel de empleado y ser un ser humano que merece disfrutar como el comensal lo hace mientras ellos están agitados y agotados.
Lo que hace al chef estrella no es que el sea un genio, normalmente es el equipo que lo rodea quien, trabajando en conjunto, lo hacen visible.
Empatía = grandes compañías…
Las que superan grandes baches, entendieron que sus líderes están dispuestos a cuidar a quienes tiene a cargo; en respuesta, quienes conforman equipo están dispuestos a cuidarse entre ellos, cuidar al líder y por ende a entregar todo lo alcanzable para cuidar a la compañía.
Cuando los líderes están dispuestos a escuchar, los miembros de un equipo de forma natural se comprometen a entregar más y cooperar por el beneficio de la compañía. Esto es trabajo con sentido y no coercitivo: el entorno de trabajo deja de sentirse donde temer, y comienza a sentirse como espacio donde se es valorado (habilidades y cultura en foco).
Si al interior de la compañía existen peligros que gestionar, la energía se utiliza en ello y deja de invertirse esa energía en combatir los peligros externos (competencia). Empleados felices, seguros, y con sentido de pertenencia son la excepción de la regla, las industrias se han ocupado de hacer norma todo lo contrario: inseguridad, insatisfacción, frustración. Cuando las personas no quieren estar en el trabajo el progreso cuesta mucho más dinero y esfuerzo, y en general dura poco.
Un entorno de trabajo con énfasis en resultados y dinero…
Merma la posibilidad de crear pertenencia y sentido de realización, y esa lucha se va con las personas a sus demás dimensiones (familia, amigos, etc.) generando desgaste. Mientras que quienes encuentran sentido y pertenencia en su lugar de trabajo regresan a casa sintiendo agradecimiento y realización, por tanto pueden desempeñarse mejor en otros círculos generando a su vez más gratificación y así el círculo positivo se hace constante.
Lo que hace a una organización grande no es generar un genio que dirige desde lo alto. Usualmente son las personas las que trabajando en conjunto convierten a quien está arriba en un genio → Yo al Nosotros.

